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martes, 28 de agosto de 2012


Estimados alumnos: Reflexología no solo una terapia zonal con base pseudocientífica, también es una corriente psicológica; aquí les envío algo de información sobre ella.

Reflexología
INTRODUCCIÓN
Como los métodos de investigación reflexológica han llegado al punto de no poderse desarrollar más, el hombre tiene la necesidad de dar un viraje debido a la desproporción que hay entre la inmersa tarea de estudiar la totalidad del comportamiento humano y los escasos y modestos medios que existen para este fin.
En el presente estudio, se da a conocer dentro de una faceta general, una breve síntesis histórica de la reflexología con algunos de los investigadores de la conducta, luego hablamos sobre los mecanismos de reflejo y los métodos de investigación de Protopópov y Pavlov principalmente, citando los planteamientos sobre la conducta de la psicología del comportamiento y el mecanismo de reflejo en los humanos.

SÍNTESIS HISTÓRICA DE LA REFLEXOLOGÍA
En el año 1863, Sechenov publicó su obra "Los reflejos del cerebro", en la cual buscó explicar la conducta de los sujetos como determinada en forma regular por estímulos externos, a los cuales el sujeto debía responder forzosamente.
Para establecer las «bases fisiológicas de la actividad psíquica», Sechenov tuvo que objetar la larga tradición originada en el paralelismo psico-físico de Descartes, quien había dividido la actividad del hombre en una actividad inferior, explicada por leyes físicas; y una actividad superior o psíquica que suponía era voluntaria, explicada por la parte espiritual del hombre. Sechenov estaba dispuesto a demostrar la idea revolucionaria de que el psiquismo, en lugar de ser independiente del cuerpo era de hecho una función del sistema nervioso central en general, y del cerebro en particular. Comienza su obra estableciendo el principio esencialmente materialista de que el cerebro es el órgano del espíritu, es decir, un mecanismo que cuando entra en actividad por cualquier causa, produce como resultado final la serie de fenómenos externos que nosotros caracterizamos como actividad psíquica.
La obra de Sechenov constituye un intento de explicación de lo psiquico en función de los datos objetivos, es decir, de las respuestas observables del sujeto a los estímulos del medio. De esta manera Sechenov se constituye en el antecedente inmediato de la reflexología -teniendo este a su vez como antecedente a Descartes-; disciplina fundada en sentido estricto por Pavlov y Bechterev, quienes posteriormente desarrollarían experimentalmente los aportes de Sechenov.
Bechterev, que había sido discípulo de Wundt, se consideraba no obstante, continuador de Sechenov; y es quien va a acuñar el término reflexología. Al publicar en el año 1910 su libro «Psicología Objetiva de la Reflexología», la define como la ciencia que estudia la totalidad de las reacciones observables en los seres vivos, vegetales o animales, tengan o no un sistema nervioso organizado. Esta concepción exageradamente amplia, hay que verla como una reacción contra la psicología introspectiva, que lleva hasta sus últimas posibilidades el pensamiento de Sechenov. No es, sin embargo, por esta concepción por lo que ha de considerarse a Bechterev el fundador de la reflexología, junto a Pavlov, sino por ser quien descubrió los Reflejos Asociados, que equivalen, sin ser idénticos, a los Condicionados, descubiertos por Pavlov simultáneamente y por vía independiente.
En 1904, Bechterev ya tenía esbozado el plan de una Psicología Objetiva, que habría de sustituir a la antigua psicología subjetiva; el tema de esta nueva ciencia serían las correlaciones objetivas existentes entre la personalidad y el ambiente inorgánico, orgánico y social. Esta suma de correlaciones fue denominada por Bechterev actividad correlacionada. Pero la organización de esta nueva ciencia no sólo requería proposiciones fundamentales sino también nuevos métodos de investigación. El método de la escuela de Pavlov, que requiere intervención quirúrgica, era inadecuado para seres humanos; en ese sentido, el procedimiento de la provocación de un reflejo motor, por estimulación eléctrica de la piel, pareció a Bechterev más ventajoso que el método empleado por Pavlov, a causa de su inaplicabilidad a la experimentación humana y de no responder al propósito de estudiar la actividad humana correlativa. El método de los reflejos motores asociados se constituyó en uno de los recursos fundamentales de la investigación de la escuela de Bechterev, en tanto que el de los reflejos condicionados secretorios quedó como base metodológica principal de la escuela de Pavlov.
Bechterev concibió a la reflexología como una disciplina biosociológica, absolutamente independiente. «La reflexología -decía- se asienta con un pie en la biología, y con el otro en la sociología, y debe ser, por tanto, una disciplina científica independiente, vinculando los conocimientos biológicos y sociológicos, pero sin confundirse con ninguno de los dos». Desde su punto de vista, la psicología es la ciencia de la vida neuropsíquica en general, y no sólo de sus manifestaciones concientes. Su objeto debían ser los procesos psíquicos en el sentido más amplio del término, incluyendo las condiciones biológicas de su manifestación. Si bien consideraba que el campo de la psicología era el campo de los fenómenos exteriores del sujeto objetivamente observables, esto no significaba que negara el papel de las condiciones internas del sujeto. Y entendía que la conciencia, si bien no podía ser en esa época observable de manera objetiva, debía ser tenida siempre presente como un problema fundamental de la ciencia psicológica. Esto marca una diferencia fundamental con otra escuela objetiva, el conductismo, para quien la conciencia quedaba descartada. Para Bechterev éste es un problema metodológico, y no de principio. Por su parte, Pavlov también se consideraba discípulo de Sechenov. Descubrió que el método fisiológico clásico de experimentación sobre animales anestesiados era inapropiado para trabajar sobre el complejo problema de la regulación nerviosa, ya que la anestesia tenía un efecto distorsionante sobre las acciones reflejas del sistema nervioso. Tuvo éxito al eliminar ese efecto y al dar su primer paso hacia el método de estudio de las funciones del organismo bajo condiciones naturales. Desarrolló el acostumbramiento de los animales de experimentación a permanecer en la mesa de operaciones, y soportar sin narcosis las manipulaciones de un experimento planificado, incidiendo la piel y tejidos superficiales, para conectarles instrumentos de registro.
El método fue denominado «crónico» por su prolongada duración en el tiempo o acción continuada, en oposición al «agudo», que llega rápidamente a una crisis a través de la cirugía drástica. El secreto del método crónico residía en tratar al organismo como una totalidad, posibilitando de esta manera la investigación de la correlación entre los órganos, y la función de un órgano o sistema de órganos.
En su trabajo sobre las glándulas digestivas, Pavlov descubrió que el jugo gástrico era segregado no sólo cuando se introducía comida en la boca, sino también cuando se la veía a distancia. Designó a este fenómeno «estimulación psíquica» de las glándulas gástricas y salivales. El término «psíquico» se utilizó para diferenciar la acción a distancia a través de los órganos de los sentidos, de la estimulación directa de las terminales nerviosas de la boca. Mientras prosiguió su trabajo sobre digestión, la «estimulación psíquica» interfirió los experimentos, de manera tal que no pudo ignorar por más tiempo el fenómeno, ni pudo dejarlo relegado al plano de la psicología introspectiva. El problema fue entonces: ¿Cómo debía enfrentar la fisiología este fenómeno psíquico?. Encaró, de este modo, la necesidad de observar las cosas desde el punto de vista del naturalista, concentrando su atención sólo en dos cuestiones: qué agentes del mundo exterior actúan y cuáles son las reacciones visibles del organismo a estos agentes. De este modo se ubicó sólidamente con las ciencias naturales, rechazando la posición idealista del alma, y aceptando plenamente la posición materialista según la cual los fenómenos mentales están arraigados en procesos materiales y, por lo tanto, sujetos a la investigación científica experimental.
La unidad y la integridad del organismo como un todo, junto con la adaptación del organismo a las condiciones del ambiente, es el principio clave en su obra. Opina, en los dos aspectos de unidad y adaptación, que el sistema nervioso juega el papel principal y, en los animales superiores, es decisivo el papel de la corteza cerebral como sitio donde se localizan los reflejos condicionados o temporarios.
El reflejo condicionado era un mecanismo adquirido, y por lo tanto, reproducible a voluntad en condiciones experimentales. Pavlov cree encontrar aquí la clave para resolver dos incógnitas: el pasaje a la significación y la actividad instintiva. Redefinía así: la materia de lo psíquico como el comportamiento, el objeto de lo psíquico como la actividad nerviosa superior, y el método, donde ya no sólo el estímulo era observable y medible, sino también la respuesta. Esta metodología de trabajo era más precisa que la de Bechterev, lo que le permitió profundizar y desarrollar, más que aquel, el descubrimiento que ambos habían realizado por separado.
Pavlov asignó un gran futuro a la psicología, pero sólo en estrecha relación con la fisiología. Los psicólogos tendrían, según su enfoque, una base fisiológica sobre la cual proyectar la vida subjetiva del hombre. Ya no habría una excusa para especular sobre la formación y el desarrollo de las cualidades psíquicas. A partir de aquí tendrían que ser elaborados en conexión con los hechos y leyes de la actividad nerviosa superior.

Consideraciones críticas y resúmenes
La noción de reflejo condicionado ha proporcionado un retoño de vitalidad al asociacionismo, ofreciéndole, a la vez, un modelo fisiológico preciso y una terminología renovada. Ahora bien, por actividad nerviosa superior se pueden entender dos cosas: o bien la actividad psíquica; o bien, la actividad nerviosa de las partes superiores del sistema nervioso: el encéfalo en general y la corteza en particular. Sostenemos que esta última es la correcta forma de interpretarlo, dado que la primera forma supondría la identificación del funcionamiento del sistema nervioso con el psíquico.
Así como el condicionamiento se ha mostrado particularmente eficaz en explicar los aprendizajes elementales o hábitos, ha caido en una postura reduccionista al tratar de explicar todos los procesos sólo mediante una complejización creciente de los sistemas reflejos. El reflejo condicionado es asimilado al elemento de lo psíquico, que por combinación produce los fenómenos psíquicos. Este proceso es inferido, no demostrado, y además no se deduce necesariamente de los hechos.
Si bien la reflexología rompió con el método introspeccionista de la psicología experimental de Wundt, compartió con ella el elementalismo, es decir, la explicación del psiquismo por una combinación de sus elementos primarios, sólo que para aquellos fue la sensación, mientras que para la reflexología fue el reflejo condicionado. Buscar la base sustancial de lo psíquico en lo fisiológico implica, al menos, saber en qué punto este objeto deja de ser fisiológico para ser psíquico; y este pasaje, que constituye el problema fundamental que la psicología debe resolver, queda sin solución en los planteos reflexológicos. La solución que consiste en hablar de funcionamiento neuropsíquico es una solución que no explica los hechos; a la vez que un apriori, punto de partida de la explicación, y no su consecuencia lógica.
No se cree posible prescindir del sustrato orgánico, pero el funcionamiento de este sustrato no explica las características de lo psíquico. Para poder explicarlo por lo fisiológico, habría que conocer primero el funcionamiento de este sustrato orgánico, y en la reflexología este funcionamiento aparece como un punto de partida, y no de llegada de la investigación. Para que las leyes del funcionamiento neurológico puedan explicar el funcionamiento de lo psíquico, tendrían primero que poder explicar lo neurológico, y en este caso, este funcionamiento está supuesto. Como se dijera anteriormente: no es deducido, ni demostrado.
El concepto de señal, al que la reflexología atribuyó el carácter explicativo para el pasaje de lo fisiológico a lo psíquico es, como veremos más adelante, incorrecto. Este pasaje no constituye la base de la psicología, sino su problema fundamental; y esto no le impide conocer la legalidad de su objeto, ni producir conocimiento científico válido. Por otra parte, el hecho de la necesidad de regularidad en la presentación de los estímulos de condicionamiento, lleva a pensar a los reflexólogos en la homogeneidad de los estímulos en la relación entre el individuo y su medio. Pero esto se trata más de una dificultad metodológica que de una realidad en sí misma; es el funcionamiento de la inteligencia el que permite establecer la existencia de regularidades en el medio y que posibilita la adaptación a un conjunto infinito de situaciones, y no las regularidades del medio las que determinan el funcionamiento de la inteligencia. Podría decirse que si, en el reflejo condicionado, la asociación a estímulos puede ser progresivamente refinada o «generalizada» -pero a condición de la presentación regular de los estímulos condicionados con los incondicionados-, en la inteligencia la ley es el refinamiento por una generalización progresiva de su funcionamiento, y no por una imposición del medio. La supuesta homogeneidad de los estímulos, que subyace al concepto de señal, es, de este modo, un problema y no una explicación. Es cierto también, que la reflexología no negó la subjetividad, ya que reconoce la variabilidad de respuestas de un individuo a otro, como producto de diferencias del «medio interno». Sostuvo que el cerebro actúa como mediatizador de los estímulos, a los cuales modifica, y que las respuestas aparecen entonces no sólo en una relación unívoca con respecto al estímulo, sino también en función de las condiciones del «medio interno»; pero de todos modos su método no le permitió reconocer la significación de los hechos, significación sobre la que otras propuestas fundamentarían la delimitación de lo psíquico. Pero, si la existencia de las conductas condicionadas es un hecho, su interpretación no implica necesariamente al asociacionismo reflexológico, con el cual se las hace a menudo solidarias. Cuando un movimiento se asocia a una percepción, allí hay algo más que una asociación; hay ya un juego de significaciones, pues la asociación no se constituye sino en función de una necesidad y de su satisfacción. Un reflejo condicionado se estabiliza solamente en la medida en que se lo confirma o sanciona; una señal asociada a una comida no da lugar a una reacción estable si los alimentos reales dejan de ser presentados al mismo tiempo que ella. La asociación viene a incorporarse así a una totalidad cuyo punto de partida es la necesidad y el punto de llegada, la satisfacción. Ya no estamos hablando entonces de asociación, en el sentido clásico del término, sino más bien de la constitución de un esquema de conjunto ligado a una significación. Además, si se estudia un sistema de conductas condicionadas en su sucesión histórica, se advierte mejor todavía el papel de la totalidad. La conducta condicionada no es aquí, pues, la simple transposición de los movimientos iniciales debidos al reflejo simple, sino una acción nueva que alcanza la estabilidad sólo en virtud de una estructuración de todo el conjunto.
La afirmación: «La actividad mental es un reflejo de la realidad», postulada por los representantes de la reflexología, presenta un doble supuesto: 1) que la realidad puede ser conocida directamente; y 2) un acuerdo pre-existente entre sujeto y objeto. Por el contrario, la realidad consiste en una construcción, mediatizada por esquemas de conocimiento y posibilitada por una energética peculiar, que la integran progresivamente en esquemas anteriores de actividad. Que éstos sean de orden reflejo, o de niveles más elevados, se trata siempre de incorporación de la realidad en esquemas de asimilación, de tal manera que nunca el vínculo asociativo es el simple calco de una relación dada en la realidad exterior. Es en la coordinación de las acciones y en el conjunto de relaciones que se establecen con ella, como se constituye una realidad, cuya permanencia es un punto de llegada, y no de partida, solidario a la construcción del sistema psíquico.
El privilegio del concepto de «reflejo» pero también su posible equívoco consiste en afirmar que toda actividad mental debe corresponderse finalmente, para ser eficaz y adaptada, a lo «real»: pero una cosa es corresponderse a él copiándolo sin más, y algo muy distinto es insertarlo en estructuras y organizaciones que lo prolongan y respetan sus leyes. De este modo, una serie de movimientos que concluyen en la satisfacción de una necesidad no puede interpretarse como una yuxtaposición de elementos asociados: los términos que la componen carecen de significación si no es relativamente al acto que los ordena y a la consecución de ese acto. No se trata de una asociación que se establece entre una imagen y un reflejo, sino de asimilación de un elemento de la realidad. La asociación, en tanto que reflejo condicionado, no es más que una abstracción, un momento artificialmente desprendido en la misma serie, que supone igualmente una necesidad inicial y una satisfacción final.
Debe evitarse, de este modo, hacer del reflejo condicionado un nuevo elemento psicológico, a través de cuyas combinaciones reconstruiríamos los actos complejos. En resumen, allí donde podemos hablar de reflejos condicionados que se estabilizan bajo el efecto de la experiencia, advertimos siempre que un esquema de conjunto organiza el detalle de las asociaciones, confiriéndoles por ello mismo unas significaciones. La acomodación y la asimilación combinadas, particulares de cada esquema, son las que aseguran su utilidad y lo coordinan con los demás, y el acto global de asimilación y de acomodación complementarias es el que explica por qué las relaciones de detalle que supone el esquema son confirmadas por la experiencia. En tanto la reflexología considera a lo psíquico como un mecanismo de adaptación biológica, el método que aplica -al igual que otras «escuelas objetivas», como el conductismo- es coherente y necesariamente extrapolado de las ciencias naturales. Este énfasis en el método no es casual, sino que se encuentra doblemente determinado. Por un lado por las dificultades generales de objetivación que lo psíquico presenta; y, por otro, por la confusión que subyace con respecto al concepto de objetividad. En efecto, se confunde objetividad con eliminación de toda forma de subjetividad, entendiendo a esta última como un fenómeno degradado, sin entidad suficiente para su estudio; sin advertir que lo que se debería eliminar es la falta de rigor en la consideración de la misma como fenómeno psíquico. Y es este el criterio para resolver la clásica antinomia objetividad-subjetividad, recurrente en el desarrollo del conocimiento psicológico.
Pavlov creyó así solucionar el enigma del origen de la adaptación de los organismos a su medio. A través de un enfoque determinista, buscó la solución del problema evitando la pre-determinación y remitiéndose a una base estricta de causa-efecto. Realizó esto mediante la diferenciación de dos aspectos del medio y dos diferentes mecanismos de adaptación a ellos, estrechamente ligados. Por otra parte, no adoptó una postura especulativa sobre estos problemas, sino que intentó demostrarlos a través de la experimentación científica, redefiniendo lo psíquico a partir de lo observable. Aparece, de este modo, una reducción de la objetividad al campo exclusivo de los fenómenos «observables»; la investigación queda restringida a un campo de fenómenos susceptibles de ser «manipulados» en condiciones experimentales, estudiando los hechos en estado aislado, sin referencia al sistema que los produce y les da sentido.

LOS MÉTODOS DE INVESTIGACIÓN REFLEXOLÓGICOS Y PSICOLÓGICOS
(Protopópov).
La reflexología clásica se mantiene en sus investigaciones dentro de un principio científico universal darwiniano; y es por este principio que la ciencia concreta del comportamiento humano le resulta imposible limitarse a él.
Protopópov introduce una importante modificación en el procedimiento de la metodología única de investigación del comportamiento humano, al decir que resulta más ventajoso elegir un criterio preciso, una elección adecuada del aparato de respuesta (la mano), por ser este un sistema de respuesta más elaborado, más adaptado que el pie a las reacciones de orientación a la influencia del medio ambiente. También considera que el habla como un sistema de reflejos condicionados que ayuda a establecer una comunicación indudablemente más amplia con el mundo que lo rodea, y que son evidentes las ventajas que proporciona el habla a la reflexología para ampliar y profundizar el círculo de los fenómenos a estudiar.
Protopópov plantea que solo falta una cosa para que se fundan definitivamente la fisiología y la reflexología: el interrogatorio del sujeto, su informe verbal sobre el curso de algunos aspectos de los procesos y las reacciones, a los que los experimentadores no pueden acceder de otra forma más que a través del testimonio del propio individuo objeto del experimento. Béterev (1923) dice que desde el punto de vista reflexológico, la investigación subjetiva solo es admisible cuando se realiza sobre uno mismo. Sin embargo el interrogatorio del sujeto es necesario precisamente desde el punto de vista de la integridad de la investigación reflexológica. Béjerev muestra, tras Séchenov, que el pensamiento no es otra cosa que un reflejo inhibido, retenido, un reflejo interrumpido en sus dos terceras partes, concretamente en el pensamiento con palabras, que es el caso más frecuente del reflejo verbal contenido. Por tanto, o renunciamos a estudiar el comportamiento de la persona en sus formas más trascendentales o introducimos obligatoriamente en nuestros experimentos el control de esos reflejos no manifiestos. La reflexología está obligada a tener también en cuenta los pensamientos y la totalidad de la psique si quiere comprender el comportamiento, ya que los reflejos no existen aisladamente, ni actúan de una manera dispersa, sino que se estructuran en complejos, en sistemas, en complicados grupos y formaciones que determinan el comportamiento del hombre; y es por esto, que la psicología científica del comportamiento tiene graves problemas.

El Mecanismo del reflejo según Protopópov
El mecanismo del reflejo sería: en un reflejo cualquiera, su propia parte reactiva (movimiento o secreción) se convierte en excitante de un nuevo reflejo del mismo sistema o de otro sistema. Puede considerarse que la propia relación entre reflejos está sometida a todas las leyes de formación de los reflejos condicionados. De acuerdo con una ley de los reflejos condicionados, un reflejo entra en conexión con otros convirtiéndose, en determinadas circunstancias, en un excitante condicionado. Esta es la primera ley, evidente y fundamental, de la relación entre los reflejos.Este mecanismo es el que permite comprender a rasgos muy aproximados y generales el valor (objetivo) que pueden tener para la investigación científica los testimonios verbales de los sujetos en una prueba. Los reflejos no manifestados (habla silenciosa), los reflejos internos, inaccesibles a la percepción directa del observador, a menudo pueden hacerse manifiestos indirectamente, de forma mediada, a través de reflejos accesibles a la observación respecto a los cuales desempeñan el papel de excitantes. A través de la presencia del reflejo completo (la palabra) establecemos la del correspondiente excitante, que en este caso desempeña un doble papel: el de excitante respecto al reflejo completo y el de reflejo respecto al excitante anterior.
El informe del sujeto no constituye en modo alguno un acto de introspección. El sujeto no adopta en modo alguno la posición de observador ni ayuda al experimentador a buscar reflejos ocultos. El examen se mantiene hasta el final como objeto del experimento, pero tanto él como el propio informe se introducen mediante las preguntas algunas variaciones, transformaciones, se introduce un nuevo excitante (una nueva pregunta), un nuevo reflejo que aporta elementos de juicio sobre las partes no esclarecidas de las anteriores preguntas. Pareciendo que el experimento tiene un doble objetivo. También la propia conciencia o la toma de conciencia de nuestros actos y estados debe ser interpretada como un sistema de mecanismos transmisores de unos reflejos a otros que funcionan correctamente en cada momento consciente. Cuando mayor sea el ajuste con que cualquier reflejo interno en calidad de excitante provoque una nueva serie de reflejos procedentes de otros sistemas y se transmita a otros sistemas, más capaces seremos de rendirnos cuentas a nosotros mismos de nuestras sensaciones, de comunicarlas a los demás y de vivirlas.

La conciencia como problema de la psicología del comportamiento.
Nuestra literatura científica elude insistente y intencionalmente el problema de la naturaleza psicológica de la conciencia, como consecuencia los sistemas de psicología científica lleva implícitos una serie de defectos orgánicos:
·         Al ignorar el problema de la conciencia, la psicología se está cerrando a si misma el camino de la investigación de problemas más o menos complejos del comportamiento humano. Y con esto, resulta imposible formular aún principios universales basados en el material reflexológico y lo simple que resulta extraer las leyes de otras ramas del saber y aplicarlas a la psicología.
·         La negación de la conciencia y la tendencia a construir el sistema psicológico sin este concepto; conduce a que los métodos se vean privados de los medios más fundamentales para investigar esas reacciones no manifiestas ni aparentes a simple vista Y, sin embargo, el comportamiento del individuo está organizado de forma que son justamente los movimientos internos poco conocidos los que le orientan y dirigen. Careciendo de medio alguno para investigar estas reacciones internas.
·         Se borra radicalmente toda diferencia entre el comportamiento del animal y del hombre, con esto se estudia el comportamiento del hombre como el de cualquier mamífero y al hacerlo se ignora de nuevo la conciencia y la psique al comportamiento humano.
·         La exclusión de la conciencia del campo de la psicología deja en gran medida intacto el dualismo y espiritualismo de la psicología subjetiva anterior. Caracterizando los fenómenos subjetivos o conscientes como fenómenos de segundo orden, específicamente internos.
·         Al eliminar la conciencia de la psicología nos encerramos definitivamente en el círculo de lo biológicamente absurdo. Por lo cual es imposible estudiar el comportamiento del hombre y las complejas formas de su actividad, independientemente de su psique.
·         La falsa concepción de que el comportamiento humano es una suma de reflejos, porque este comportamiento no constituye en modo alguno un saco de cuero lleno de reflejos, ni su cerebro un hotel para los reflejos condicionados que casualmente se alojen en él.

Lo que hay que estudiar no son los reflejos, sino el comportamiento: su mecanismo, composición y estructura. Como afirma certeramente Vágner (1923), los reflejos constituyen los cimientos, pero partiendo únicamente de ellos no se puede decir todavía nada acerca de lo que se va a construir encima.
La psicología científica no tiene que ignorar los hechos de la conciencia, sino materializarlos, trasladarlos a un idioma objetivo que existe en la realidad y desenmascarar y enterrar para siempre las ficciones, fantasmagorías, etc. Sin ello es imposible todo trabajo de enseñanza, de crítica y de investigación.
Tomando un enfoque fuera de la psicología, en sus formas principales todo comportamiento del animal consta de dos grupos de reacciones: los reflejos innatos o no condicionados. Los reflejos innatos constituyen el extracto biológico de las experiencias hereditarias colectivas de toda la especie, y los adquiridos surgen sobre la base de esta herencia hereditaria a través del cierre de nuevas conexiones, obtenidas en la experiencia particular del individuo. En tanto que el hombre, tiene una amplia experiencia heredada comparándola con la animal. El hombre no se sirve únicamente de esta experiencia, toda la vida el comportamiento se basa en la amplísima utilización de la experiencia de las generaciones anteriores, de una experiencia que no se transmite de padre a hijos, y que llamaremos experiencia histórica. Junto a esta experiencia histórica situaremos la experiencia social, que constituye un importante componente del comportamiento del hombre, y que tal experiencia no la poseen los animales. El hombre a diferencia también de los animales no se adapta a pasivamente a su medio, el hombre adapta activamente el medio a sí mismo, construyendo previamente su obra en la cabeza, para después duplicarla en un objeto o material, o en alguna situación. Denominando esta nueva forma de comportamiento experiencia duplicada.
En cuestión a la vertiente fisiológica, Pávlov resume de sus experimentos con perros que: el mencionado reflejo a una excitación externa no sólo está limitado y regulado por otro reflejo simultáneo externo, sino también por toda una masa de reflejos internos, asó como por la acción de todos los posibles excitantes internos (químicos, térmicos, etc.).
El principio fundamental de coordinación de los reflejos, como explica en las investigaciones Sherrington, consiste en la lucha que se establece entre distintos grupos de receptores por un campo motor común. El resultado de esta lucha depende de causas muy complejas y numerosas; con lo cual, el comportamiento es pues un sistema de reacciones triunfantes, y es una lucha que no se interrumpe ni por un minuto.
Pávlov (1950), compara los grandes hemisferios cerebrales con una central telefónica, donde se produce el cierre de nuevas conexiones temporales, entre los elementos del medio y reacciones concretas.
La ley más elemental y más importante, la ley general de conexión de los reflejos puede formularse así: los reflejos se enlazan entre sí según las leyes de los reflejos condicionados; es decir, la parte de respuesta de un reflejo (motriz, secretora) puede convertirse en condiciones adecuadas en un excitante condicionado (o inhibidor) de otro reflejo al conectarse con el extremo sensorial de este último. Entonces, darse cuenta de algo significa justamente transformar unos reflejos en otros. Los inconscientes, los psíquico, implica que los reflejos no se transmiten a otros sistemas. Caben infinitas variedades de grados de conciencia, es decir la interacción de sistemas incorporados al mecanismo reflejo que actúa. La conciencia de las propias sensaciones no significa nada más que su posesión en calidad de objeto (excitante) para otras sensaciones.
La Psicología debe pues plantear y resolver los problemas de la conciencia en la perspectiva de considerarla como interacción, reflexión, excitación recíproca de diferentes sistemas de reflejos.
La conciencia se reduce por completo a unos mecanismos transmisores de reflejos, que actúan según las leyes generales, así es que cabe admitir que en el organismo no hay más procesos que las reacciones.
La percepción interna, la introspección son posibles únicamente gracias a la existencia del campo propioceptivo y de los reflejos secundarios relacionados con él.
En el hombre hay un grupo de reflejos fácilmente identificables cuya denominación correcta sería la de reversibles: se trata de reflejos a excitantes que pueden a su vez ser creados por el hombre. La palabra escuchada es un excitante, la pronunciada, un reflejo que crea ese mismo excitante, aquí el reflejo es reversible, porque el excitante puede convertirse en reacción y viceversa. Estos reflejos reversibles, que crean la base del comportamiento social, sirven de coordinación colectiva del comportamiento. En el amplio sentido de la palabra es en el lenguaje donde se halla precisamente la fuente del comportamiento social y de la conciencia, siendo por un lado, un sistema de reflejos de contacto social.

CONCLUSIÓN
Según los planteamientos acá expuestos, algunos estudios de psicología arrojan que la conciencia, como parte del comportamiento humano es ignorado, imposibilitando de esta forma un estudio muy rico en cuanto al peso que le daría a la investigación del comportamiento Humano, y con esto, haciendo casi imposible la formulación de principios universales basados en el material reflexológico.
Se plantea la situación de que no hay que estudiar el reflejo (siendo este algo importante) y que hay que abocarse sólo al comportamiento, entrando de esta forma, a una serie de contradicciones entre uno y otro investigador de la materia, cuando, al analizar detenidamente lo expuesto por cada uno de ellos, nos vemos en una situación en donde descubrimos que cada estudio y cada planteamiento es importante, obviando por supuesto las contradicciones en que cae uno y otro.
Finalmente, es importante tomar en cuenta y respetar cada uno de los planteamientos y puntos de vista, tanto de quienes defienden el estudio del comportamiento de la persona como aspecto principal, o de quienes defienden, por otra parte, el estudio del reflejo por sobre el comportamiento humano.

martes, 22 de noviembre de 2011


La Ponencia
Una ponencia es un texto que se utiliza básicamente para ser expuesto por su autor y ser escuchado, en lugar de leído, por el destinatario final. Se utiliza en su mayoría para presentarse en algún evento científico, seminario congreso, simposio etc. Suelen ser trabajos breves, que se destinan a la discusión colectiva. En cuanto a su organización interna, no son tan decisivos los aspectos de forma, es usual que tenga un límite de entre diez y treinta hojas escritas a doble espacio. Asimismo, es un texto que se presta para ser escrito en primera persona, todo esto con el fin de facilitarle al lector la comunicación oral, que es un aspecto de suma importancia en una ponencia.

Pautas para tener en cuanta antes de escribir una ponencia:
  • Para escribir una ponencia es fundamental documentarse muy bien sobre el tema.
  • Se debe disponer de tiempo suficiente para prepararla.
  • La ponencia se debe basar en buenas fuentes bibliográficas.
  • Se deben tener bien claros los objetivos que se van a plantear.
  • Disponer del adecuado soporte audiovisual, si se requiere.
A continuación se presentará un modelo que cumple con los requisitos de una ponencia:

TÍTULO DEL ARTÍCULO (preciso)
NOMBRE DEL AUTOR (ES)
Institución donde se estudio o se labora
Cargo o función desempeñada
E-mail

Resumen

Esta sección se desarrolla para indicar claramente la temática de la investigación. Se debe tener en cuenta que tiene un rango establecido, no se deben escribir más de 15 renglones, que corresponden más o menos a unas 200 a 500 palabras. Igualmente, en esta sección no se hacen referencias bibliográficas.

La introducción

La introducción debe tener información que llame la atención de la audiencia, puede ser una cita etc. Ésta debe anunciar claramente los objetivos del texto, así como también la secuencia cronológica de los temas que se realizarán más adelante en el desarrollo de la ponencia. Es muy importante que la introducción vaya de lo general a lo específico.
Puede también incluir algunos datos relevantes que capten la atención de la audiencia, que cuestionen el tema presentado, que revelen una estadística o que relaten un momento revelador de la investigación. La extensión de la introducción dependerá de la importancia del trabajo.

El desarrollo o cuerpo

El cuerpo de la ponencia debe seguir la misma línea planteada en la introducción, es decir, seguir la secuencia cronológica de los temas de la investigación. Es importante también seguir manteniendo el interés de la audiencia, para lo que se pueden utilizar ejemplos, citas interesantes, generalizaciones, etc. En esta sección, no se recomienda hacer muchas enumeraciones, pues debemos tener en cuenta que es un texto oral.

Por otro lado, si la investigación amerita otras fuentes, como lo son las ayudas de PowerPoint, reproduzca pocas diapositivas, (según la extensión de la ponencia) y colóqueles poco texto. No olvide mencionar dichas fuentes a pie de página de la diapositiva o entre paréntesis, según la norma empleada. Asimismo, no se recomienda utilizar notas de pie de página en la ponencia, ya que el lector puede confundirse fácilmente a la hora de escucharla.

La conclusión

A la hora de escribir la conclusión, es importante darle a entender a la audiencia que llegamos a ella. Es decir, en esta sección se debe sintetizar todo lo mencionado anteriormente, resaltando la importancia del tema y/o investigación. Una forma de sintetizar, podría ser, incluir frases breves y concisas que extracten lo expuesto y nombrar las aplicaciones prácticas que tiene su trabajo.  La conclusión, debe además corresponder con los objetivos o preguntas mencionadas al inicio en la introducción.

Las Referencias Bibliográficas:

Se recomienda que las referencias bibliográficas estén organizadas en orden alfabético. Otra forma puede ser nombrarlas de acuerdo al orden en que han venido apareciendo en la ponencia. Estas referencias se deben regir según las normas APA y/o ICONTEC.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

El Renacimiento


El Renacimiento se da al inicio de la Edad Moderna y como consecuencia de las ideas propias del Humanismo.
Lo podemos dividir en dos períodos: de 1400 a 1500 (el Quattrocento) y comprende el Renacimiento temprano; y de 1500 a 1550 aproximadamente (el Cinquecento) y es la etapa denominada "Clasicismo" o Renacimiento pleno
Hubo reyes europeos que se ocuparon de su difusión (Carlos I de España, Francisco I de Francia).
Dentro de los estados italianos que juegan un papel importante en el desarrollo del Renacimiento hay que destacar a Venecia, Florencia, Milán y los Estados Pontificios.
Además, debemos mencionar que mientras en Italia ya se vivía el Renacimiento, en el resto de Europa todavía se mantiene el Gótico en sus formas tardías.
En España, como ya les dije en clase, el arte pasa casi abruptamente del Gótico al Manierismo (el Greco).
La literatura de este periodo retoma la preceptiva clásica aunque se desarrollan nuevos géneros como el ensayo y nuevos modelos métricos como el soneto.
En España, la figura más notable de este periodo es sin duda Garcilaso de la Vega, de fuerte influencia italiana, y por esto mismo, de un estilo suave y elegante. Él no es el único representante del Renacimiento español; pero mejor transcribo un fragmento que define con claridad las características de la poesía de Garcilaso:

"El lenguaje de Garcilaso es claro y nítido, conforme a los ideales de su amigo Juan de Valdés: selección, precisión y naturalidad y palabra oral más que «escrita»; prefiere las palabras usuales y castizas a los cultismos extraños a la lengua, buscar el equilibrio clásico, la estilización del nobilitare renacentista de una lengua vulgar y la precisión ante todo. Como afirma en su Égloga tercera,
Más a las veces son mejor oídos
el puro ingenio y lengua casi muda,
testigos limpios de ánimo inocente,
que la curiosidad del elocuente.

lunes, 30 de mayo de 2011

Estimados alumnos:
Ahora sí les envío el resumen completo de la Iliada; aunque es una muy buena que encontré en Internet y no la que yo tenía hecha, les aseguro que le va a gustar.
Espero que la lean completa, la disfruten y le saquen provecho.
Su profesor Roberto


RESUMEN DE LA ILIADA
La Ilíada es sobre la Cólera de Aquiles a causa de la afrenta a su honor por el hubrístico Agamemnón... pero, también es sobre muchas otras cosas, tanto
hum
anas como divinas: es una obra que, a pesar de haber sido ya establecida en un texto permanente, se encuentra, paradójicamente, en un estado de flujo continuo, pues ningunas dos lecturas jamás son iguales.


CANTO I
Se pide desde el principio a la musa que mande el canto de las desgracias alcanzadas por la ira de Aquiles (1-7). Llega a la asamblea de los argivos, Crises, sacerdote de Apolo para rescatar a su hija, hecha cautiva hacía poco en la guerra y por honor entregada a Agamenón (8-21). Apolo mandó sobre el ejército una terrible epidemia por haber sido rechazado ignominiosamente su sacerdote (22-52). Aquiles hace una asamblea, para aplacar al dios, en la que el adivino Calcas pregona que ellos debían liberar a su hija Briseida de tan terrible disputa y no rehusa entregarle su hija ciertamente a Crises, pero le arrebata a Aquiles a Briseida a quien había sido concedida como premio a su valor. Se apodera de Briseida aunque Néstor se opone (130-311 y 318-347). Enardecido por esta ofensa, decide el firme joven separarse de la guerra con los mirmidones, sus soldados. Su madre Tetis reafirma su propósito y promete venganza al suplicante (348-427). Mientras tanto el ejército ofrece sacrificios expiatorios y son ofrecidos a Apolo (312-317). Entonces se hace retirar a Crises a su casa junto con las víctimas propiciatorias, por quienes es expiado el crimen siendo sacrificadas (428-487), puesto que se había presentado Tetis en el Olimpo ocultamente, favoreció con la victoria a los troyanos, mientras los aqueos no dieran una satisfacción a Aquiles (488-533). Hera, enemiga de los troyanos ataca estas determinaciones clandestinas y riñe con Zeus en la cena (534-567). Por esta causa se entristece toda la asamblea de los dioses, a quienes Hefesto hace volver finalmente a la tranquilidad y alegría (568
-611).
CANTO XIII
Pas
ando el muro los troyanos, por diversas partes, matan a los aqueos, cuando Poseidón conmovido por la calamidad en su interior por Zeus, se acerca a los que defendían las naves (1-42). Oculto bajo forma humana para animar a los que se detenían, exhorta primero a los dos Áyax y después a los demás capitanes (43-124). Así los Áyax y otros, rechazan
a Héctor de la matanza de las naves en plena fila de combate (125-205); al poc
o, Idomeneo, movido por Poseidón a c
ombatir, habiéndose unido con Merión, socorre por la izquierda a los afligidos aqueos (206-329). Después se traba un feroz combate en el que Zeus favorece a los troyanos y Poseidón a los aqueos. Sobresale entre éstos, el valor de Idomeneo (330-662). Éste, da muerte a Otrioneo, Asio y Alcátoo y asimismo, en compañía de Merión, Antíloco y Menelao lucha con superioridad contra Eneas, Deífobo, Héleno y Paris (363-672). También detiene a Héctor q
uien hacía poco se hallaba en el centro del lugar y de tal modo lo apremian los Áyax y otros grupos, que ya se retiran los troyanos: pero fortalecido Héctor por
el consejo de Polidamante, conduce repentinamente contra el enemigo a los que había reunido (673-808). Áyax da comienzo a un nuevo combate y se pelea por ambas partes con grandes clamores (809-837).
CANTO II
Zeus-quien habría de vengar la injuria inferida a Aquiles-, le envió un sueño a Agamenón para incitarlo a realizar la batalla con la esperanza de la victoria (1-40). Al amanecer, Agamenón manifestó lo comunicado en el sueño y su propia decisión a los jefes de los argivos; reunió al poco una asamblea de todos (41-100). Le agradaba para probar la fe del pueblo, del que desconfiaba, fingir la determinación de retornar a la patria: habiendo oído esto la multitud comenzó enseguida, cansada ya por la guerra, a sublevarse y a preparar la navegación (101-154). Odiseo reprimió la rendición de común acuerdo y por consejo de Atenea se valió de súplicas, amenazas y oprobios para que volvieran de este modo a la asamblea (155-210). A Tersites, aquel hombre torpe y malhablado que no cesaba de urgir la retirada, lo castigó con mayor severidad para escarmiento de los demás (211-277). Así cohibido el populacho se doblegó por fin a dejarse persuadir por los excelentes discursos de Odiseo y de Néstor quienes renovaron las antiguas promesas y se valieron de estas ostentaciones para que los aqueos tuvieran confianza en el combate; el mismo Agamenón ordenó el combate y llenó del ardor de la pelea el ánimo de todos (287-393). Ya se anima el ejército; los primeros, sacrificadas ya las mayores víctimas, se sientan al convite delante de Agamenón; los demás toman sus alimentos por diversas partes y of recen sacrificios, y cada pueblo, instruido por sus jefes marcha a la batalla (394-484). Se inserta en este lugar el cuidadoso catálogo de las naves, pueblos, jefes, que habían seguido a Agamenón a la guerra de Troya (485-785). También los troyanos, descubrieron lo que tramaban los aqueos, marchan al campo bajo el mando de Héctor junto con sus aliados, de los que se añade una breve reseña (786-877).
CANTO XIV
Néstor, atemorizado por el clamorío del combate, sale de su tienda en la que aún se curaba Macaón, para explorar los hechos en el lugar en que se realizaban (1-26). Agamenón, Odiseo y Diomedes, doliéndose aún por las heridas, le salen al encuentro cambiándose de lugar por la misma causa; el primero de los cuales angustiado por el éxito de la guerra y viendo ahora abierta la muralla, reflexiona sobre la huida (27-81). Odiseo reprueba esta determinación, y así Diomedes persuade a todos a que vuelvan a la batalla y que con su presencia ayuden a todos, dándoles certidumbre y consejos; al mismo tiempo Poseidón conforta a Agamenón que ya se iba y da fortaleza al ejército (82-152). Mientras tanto Hera, para elevar la moral de los aqueos, se arregla en su persona y se prepara delante de Zeus en el monte lda para atraerlo con todos los halagos de una esposa; para lo cual se coloca el cíngulo de Afrodita y hace venir desde Lemnos al dios Sueño, quien lo entretiene en el estado de descanso (153-351). Poseidón había puesto asechanzas en este tiempo, mediante el consejo de Sueño, la suerte de los aqueos que les devolvió auxiliándolos prontamente (352-401). Héctor, herido por el golpe de la piedra que le había lanzado Áyax, estaba sin alientos y fue transportado y curado por sus soldados (402-439). Combatiendo los aqueos a los troyanos, elevados ya sus fuerzas y espíritu de combate, los alejan de las naves, persiguiéndolos en primer término Áyax el menor (440-522).
CANTO III
Al primer encuentro del combate, Paris o Alejandro provoca con suma fiereza a cada uno de los aqueos para el combate; pero en cuanto ve a Menelao saltando de su carro, huye atemorizado (1-37). Poco después él mismo, impulsado por los gritos de Héctor se ofrece en singular desafío con Menelao, comenzando lo más importante de la batalla; aceptada la condición pide Menelao que vaya por medio una promesa, consagrándola ante la presencia de Príamo (38-110). Así pues los ejércitos dejan las armas y se preparan sacrificios de ambas partes, mientras tanto Helena llama desde la torre a Príamo y a los ancianos de Troya, a los jefes argivos que están en el campo inferior (l l l-244). Siendo llamado, se presenta Príamo en compañía de Antenor y se hace un pacto según el antiguo rito y bajo estas condiciones, de que si uno de los dos venciese al otro, obtendría a Helena y sus riquezas; pero los troyanos inferiores a los aqueos pagarían una fuerte multa (245-301). Después de la partida de Príamo, toman las armas Menelao y Paris y marchan al espacio convenido para la pelea; pero Paris, superado, es sutraído por Hera ocultamente y se lo lleva incólume a su propia morada (302-382). Al mismo lugar lleva a Helena, quien resistiendo primero al nuevo marido le echa en cara su cobardía; sin embargo poco después se reconcilia con él (383-448). De esta manera, en vano busca Menelao al adversario que estaba gozando de la protección de la diosa, mientras Agamenón busca públicamente el precio de la victoria que se había pactado (449-461).
CANTO XV
Despertando de su letargo Zeus, ve a Poseidón dando ayuda a los troyanos contra los aqueos (1-11). Enseguida, reprende ásperamente a Hera y manda llamar del Olimpo a Iris y Apolo; se sirve de ellos como de sus ministros para restituir sus fuerzas a los troyanos y simultáneamente predice toda la serie de designios hasta la destrucción de la ciudad (12-77). Habiendo regresado Hera a la morada de los dioses, Ares sabe por ella lo referente a la muerte de su hijo Ascálafo y se apresta para la venganza; Atenea reprime su cólera (78-142). Apolo e Iris se presentan ante Zeus y por mandato de éste obliga a Poseidón bajo amenazas a que abandone la guerra. Éste a pesar de estar lleno de temor aún se atreve a resistirse (143-219). Apolo alienta a Héctor, ya sanado y retirado del combate por esa causa, y renueva la suerte de los troyanos (220-280). Héctor acomete a los fortísimos aqueos que dejando de combatir se retiraban a las naves; mata a una parte de ellos; a otros los hace huir, yendo delante el dios, quien agitando su égida estremeció de temor a los aqueos y fortaleció a los troyanos, pues derribando el muro, preparó el camino para destruir al ejército (281-389). Por esta terrible desgracia que le comunicó Eurípilo, Patroclo regresó ante Aquiles y lo exhortó para que los ayudara en ese último trance (390-404). Mientras tanto los aqueos combaten terriblemente ante sus naves cayendo muchos de ambas partes (405-590). Finalmente ellos se retiran sin dispersarse entre las filas de las naves, desde las que Áyax Telamonio defiende del fuego, armado con una lanza, porque ya Héctor amenazaba quemar la nave de Protesilao (591-746).
CANTO IV
Debiendo ser devuelta Helena a los aqueos según el pacto y dirimidas las diferencias en la línea de combate en la que fue separado Paris; Hera indignada en la asamblea de los dioses, no pudo contener ya su odio contra los troyanos e insiste ante Zeus a fin de que conceda que los aqueos den muerte a Paris (1-49). Atenea, enemiga también de los troyanos, enviada a la tierra por la exhortación de Zeus, persuade a Píndaro Licio para que lanzada una flecha contra Menelao, rompa el pacto e introduzca una nueva causa para combatir (50-104). Llamado el médico Macaón, cura a Menelao de su herida no mortal (105-219). Mientras tanto, armados nuevamente vuelven a combatir los troyanos, mientras Agamenón va y viene entre la multitud de aqueos, alabando el valor de algunos como Idomeneo, Áyax y Néstor, que ya estaban situados en el campo de batalla y reprendiendo la tardanza de los otros como Menesteo, Odiseo, Diomedes que aún no se llenaban del nuevo ardor para combatir (220-421). Se reanuda la lucha, en la que Ares por una parte y Apolo, Atenea y otras divinidades por la otra, ayudan respectivamente a los troyanos y a los aqueos (422-544).
CANTO XVI
Aquiles le presta a su amigo Patroclo que le suplicaba y pedía ayuda, sus propias armas y tropas para salir a combatir bajo la condición de que se contentase con rechazar a los troyanos de las naves y no se expusiese a mayores peligros (1-100). Debilitado ya el mismo Ayax, no pudo impedir que se pusiese fuego a la nave (101-123). Visto lo cual Aquiles, llama a su amigo a las armas, prepara las filas de los suyos, les habla y hechas las libaciones y las preces los despide (124-256). De pronto, habiendo visto el jefe de los mirmidones, aterrorizados a los enemigos, el engaño de la figura de Aquiles, libra del ataque a la nave y apaga el incendio (257-303). Comienza de nuevo la batalla y a los que huian cegados por el pavor, los persigue sobre la trinchera y aun a campo abierto (306-418). Enseguida, Glauco mata a Sarpedón, hijo de Zeus, habiendo quedado asi vengadas las matanzas (419-507). Éste juntamente con Héctor y otros de los en terrible combate con los aqueos que arrastraban los despojos, les quita el cuerpo de Sarpedón. Apolo ve esto y por mandato de Zeus es lavado el cuerpo y ungido y llevado a Licia por sus amigos (508-683). Por aquel tenor de los acontecimientos el feroz Patroclo persigue a los troyanos hasta la ciudad, sube a su muralla pero es apartado de aquel lugar por el dios (684-711); sin embargo, resiste de nuevo a Héctor que irrumpe lleno de fuerza, mata a su auriga Cebrión y se lleva el cadáver después de haberlo despojado (712-782). Finalmente mata a muchos de la masa de soldados hasta que Eufrobio lo hiere, aterrorizado él mismo por la fuerza de Apolo y despojado de sus armas; Héctor le da muerte e insta a Automedonte a encaminar el carro de Aquiles llevándolo junto a las naves (783-867).
CANTO V
Los aqueos continúan despedazando a los troyanos; delante de todos, el insigne Diomedes lleno de ferocidad por la protección de Palas retira a Ares de la batalla (1-94). Pero él mismo herido por Pándaro, ataca con mayor vehemencia a los enemigos (95-166); mata a Pándaro, estando de pie, y después peleando desde el carro de Eneas (167-296); hiere a Eneas que cubría el cuerpo de su amigo (297-310); hiere a Afrodita en la mano, pero Iris la saca del combate (311-351). Afrodita librada por su hija en el carro de Ares, la lleva al Olimpo, en donde su madre Dione la cobija en su seno. Los otros dioses se ríen sin que lo note (352-431). Apolo libra a Eneas, apartado por Atenea del furor de Diomedes y lo cura recreándolo en la fortaleza troyana y llama nuevamente a Ares a las filas (432-460). Ares exhorta a los troyanos para que peleen con fortaleza; enseguida se presenta ante ellos Eneas, ya curado (461-518). Tampoco los aqueos combaten con cobardía y caen muchos de una y otra parte, entre éstos Tlepolemo contra Sarpedón; finalmente se alejan poco a poco los aqueos (519-710). Hera y Atenea vienen desde el Olimpo en auxilio de éstos que luchaban (711 -777). Por estas palabras de Hera se enardece nuevamente la masa; pero Diomedes aconsejado y conducido por Atenea, hiere al mismo Ares (778-883) quien regresa enseguida al Olimpo desde el campo de batalla y ahí sana, siguiéndolo también las diosas (864-909).
CANTO XVII
Muerto Patroclo, Menelao mata a Euforbo y lo despoja de sus armas (1-60). Héctor por consejo de Apolo dejando de perseguir a Automedonte le quita los despojos y regresa, mientras Menelao hace venir a Áyax el mayor, para que cuide el cadáver (61-139). Héctor se retira ante Áyax, pero incitado por la reprensión de Glauco vuelve nuevamente, luciendo soberbiamente las armas de Aquiles, a fin de arrebatar el cuerpo y lleno de fortaleza anima a cada uno de los suyos en el mismo campo de batalla; simultáneamente llamados por Menelao acuden con presteza los más valientes aqueos (140-261). Así en un mismo lugar se origina un terrible combate entre Menelao y Héctor con cada una de sus tropas y pelean uno y otro con distinta suerte. Ellos para defender el cuerpo de Patroclo y éstos para que lo arrastren y sea causa de ludibrio (262-425). Zeus vuelve el vigor a los caballos de Aquiles que se dolían por la muerte de Patroclo y Automedonte los regresa al combate en unión con Alcimedonte (426-483). Héctor, Eneas y otros, atacan el carro de Aquiles para apoderarse de los nobles caballos y los aqueos sostienen con fiereza el ímpetu de aquellos, quienes tratan también de rescatar el cadáver. Entonces Menelao implora nuevas fuerzas a Atenea, y Apolo exhorta a Héctor con la aprobación de Zeus (484-596). Finalmente viene a menos la fuerza aquea, y aun el mismo Áyax Telamonio, tiembla, bajo cuyo mandato Menelao envía un mensajero a Aquiles, y es Antíloco, quien le anuncia la muerte de Patroclo y las derrotas recibidas, (597-701), y el mismo Menelao junto con Merión apoyado por la compañía de los Áyax, se atreve a llevarse el cadáver hasta las naves, metiéndose entre los enemigos que combatían (702-761).
CANTO VI
CANTO VI
El adivino Héleno, cuando decaía en huida el ejército troyano exhorta a Héctor para que haga un sacrificio público a Atenea en la fortaleza (1-101). Así pues él, habiéndose reanudado la lucha rápidamente, marcha a la ciudad; en este combate, Diomedes y Glauco, jefe de los licios, encaminándose al lugar de la lucha, antes de llegar a las manos, habiendo recordado la hospitalidad de sus padres, hecho el cambio de las armas, unen sus diestras (102-236). Hécuba y las demás matronas, por consejo de Héctor y de los próceres troyanos, llevan el manto al templo de Atenea y expresan sus votos por la salvación de la patria (237-311). Mientras tanto Héctor, en su casa, hace volver a Paris reprendiéndolo en el campo de batalla (312-368); a su esposa Andrómaca, la buscó en vano en sus habitaciones y salió finalmente de la ciudad por la puerta Escea; la encuentra con su hijo Astianacte y les habla por última vez (369-502). Armado, Paris alcanza a su hermano en el camino (503-529).
CANTO XVIII
Recibida la noticia de la muerte de Patroclo, Aquiles se entrega a la desesperación y a los lamentos (1-34). Ante estas lamentaciones despertada Tetis, llega desde el mar con su cohorte de Nereidas para consolar a su hijo; a quien cuando ve lleno de ambición de vengarse de Héctor, aunque aquello habría de ser decidido por el destino, difiere su deseo para el último día, pero le promete que le llevará armas nuevas fabricadas por Hefesto (35-137). Habiendo regresado las Nereidas a su mansión, Tetis se apresura hacia el Olimpo, mientras se renueva la batalla sobre el cuerpo de Patroclo que finalmente hubiera quedado en poder de Héctor, a no ser que Aquiles por consejo de Hera hubiese aterrorizado a los troyanos con su aspecto y voz terribles y los hubiese hecho huir hasta las murallas enemigas (138-231); mientras tanto los aqueos, rescatado el cuerpo, lo llevan a la tienda de Aquiles, al entrar la noche (232-242). Los troyanos tienen una tumultosa asamblea y Polidamante los persuade de que se salven dentro de las murallas, no sea que Aquiles venga a las filas y acabe con ellos; pero este prudente consejo desagrada a Héctor y al pueblo (248-314). Los troyanos redoblan la vigilancia durante la noche con sus armas; los aqueos y al frente de ellos Aquiles, lloran la muerte de Patroclo, embalsaman el cadáver y lo colocan en el ataúd (315-355). Aquella misma noche llega Tetis al Olimpo en donde Zeus acababa de reprender a su esposa porque ayudó a Aquiles y es recibida amigablemente en la mansión de Hefesto (356-427). Para Hefesto le era fácil si se lo pedían con insistencia, fabricar escudos y toda clase de armas con su arte exquisito (428-617).
CANTO VII
Héctor y Paris impulsan a los aqueos para que vuelvan a la batalla, combatiendo ya sea con armas iguales o mejores (1-16); lo cual, para que sea terminado finalmente, de acuerdo con el designio de Atenea y de Apolo, y la persuasión de Héleno sea provocado cada uno con la mayor fuerza posible por parte de Héctor para un combate cuerpo a cuerpo (17-91). Agamenón disuade a Menelao que se muestra alegre y confiado mientras los demás vacilan (92-122); al poco instigados por Néstor salen a combatir nueve héroes de cuyas suertes señala el suceso Áyax Telamonio (123-205). Se reúnen Héctor y Áyax y pelean duramente, mientras bajo la noche apartan a éstos, iguales en fuerzas, habiéndoles dado a su vez regalos (206-312). En los banquetes públicos Néstor hace el recuento de los cuerpos de los caídos que deben sepultarse y los campamentos que deben fortificarse. Cuando en la asamblea de los troyanos, Paris responde a Antenor quien dice que deben ser restituidos al dueño, Helena juntamente con sus riquezas, añade que él no regresará ningunas riquezas sino que a aquéllas se añadirán las propias (313-364). Al día siguiente Príamo lleva aquella respuesta a los aqueos y a fin de que también puedan ser sepultados los cuerpos de los troyanos manda que se haga una tregua (365-420). Después de estos sucesos cada bando procura dar sepultura a los suyos y al mismo tiempo los aqueos rodean su base naval con un muro y fosas; Poseidón se admira de estas obras con indignación en la asamblea de los dioses (421-464). A la cena sigue la noche amenazadora con sus rayos (465-482).
CANTO XIX
A la salida del sol, Tetis le da a Aquiles las armas que había hecho Hefesto y lo excita nuevamente a la alianza para la guerra; pues el cuerpo de Patroclo derrama divinos olores a fin de que dure incorrupto para la sepultura (1-39). Aquiles, reuniendo una samblea, olvida su ira, y pide continuar la guerra cuanto antes (40-73). Por su parte Agamenón confiesa su error y una vez reconciliado, ofrece los dones prometidos por medio de su legado Odiseo; pero olvidándolos él, tal vez con intención de vengarse, apremia a comenzar la batalla (74-153). Finalmente cede ante Odiseo y espera hasta hallarse presente al que lo aconsejaba mientras las tropas tomaban el desayuno y recibe ante la asamblea los dones y a la hija de Brises, causa de la discordia a la que Agamenón juró devolverla intacta mediante un sacrificio expiatorio (154-275). Se trasladaron los dones desde un lugar público a la tienda de Aquiles en donde las mujeres lloraban a Patroclo y el héroe mismo vuelve a lamentarse y se abstiene firmemente de probar alimento, tomándolo el ejército (276-339). Aquiles es deleitado por Atenea, enviada desde el cielo; poco después se pone las nuevas armas, sube al carro con Automedonte y sabido por otro el destino de sus caballos, marcha a la fila lleno de vida (340-424).
CANTO VIII
Zeus pide a los dioses llamados a asamblea que no se presenten en la batalla contra ninguno de los dos pueblos, y es llevado en su carroza al monte Ida (1-52). Desde ahí contempla durante la mañana a los ejércitos que combaten en dudosa victoria; después habiendo pesado cuidadosamente sus suertes en la balanza del destino, y lanzando sus terribles rayos, pronostica la muerte a los aqueos (53-77). Hera en vano pide a su aliado Poseidón que le sean apartadas a aquellos toda clase de ayudas; después vuelve Agamenón, levantando los ánimos y señala que Zeus se le ha mostrado propicio (78-250). Ya los aqueos, algún tanto superiores, repelen a los troyanos en un nuevo encuentro, y Teucro hiere a muchos de aquéllos con sus flechas y a su vez es herido por Héctor (251-334). Una vez más, se lanzan a la huida los aqueos cuando Hera y Atenea se preparan a marchar a Troya para llevar auxilio; pero Zeus habiéndolas visto desde el monte, las rechaza inmediatamente por medio de Iris (335-437). Él mismo, habiendo regresado al Olimpo reprende con suma severidad a las desobedientes diosas y aun amenaza a los aqueos con mayores matanzas para la mañana siguiente (438-484). Terminada la batalla a causa de la noche y habiendo realizado una asamblea los troyanos vencedores, ponen guardias de asedio en el mismo lugar de la batalla, y para impedir a los enemigos asechanzas o navegación, encienden innumerables fogatas a través de la ciudad y del campo (485-565).
CANTO XX
Preparados ambos ejércitos y llamados los dioses a la asamblea, Zeus les permite que cada uno socorra a cualquiera de los dos que desee a fin de que no madure la matanza para los troyanos por la crueldad de Aquiles (1-30). Así marchan a la guerra, Hera, Atenea, Poseidón, Hermes, Hefesto, para ayudar a los aqueos; y Ares, Febo, Artemisa, Latona, Janto y Afrodita, a los troyanos. Las tierras celebran con estremecimiento y temor la entrada de los dioses (31-74). Antes del comienzo de la batalla, Febo excita a Eneas contra Aquiles que amenazaba a Héctor. Mientras tanto los dioses por convencimiento de Poseidón se sitúan alejados del combate (75-155). A varias provocaciones sigue el combate de Aquiles con Eneas a quien Poseidón libra por medio de una nube, pues según los oráculos le tenía destinado un reino entre los troyanos (156-352); Héctor, que está por agredir a Aquiles, es rechazado por Febo. Aquiles mata entre otros troyanos a Polidoro, hijo de Príamo (353-418). Estando ya por vengar la muerte de su hermano, se dirige Héctor contra Aquiles a quien lo salva también Febo rodeándolo con una nube (419-454). Movido por el dolor Aquiles ataca a los demás troyanos y llena el campo de una espantosa ruina de muertos y armas (455-503).
CANTO IX
Entre los aqueos, una vez pasado el peligro, aterrorizados y rechazados de momento, convoca Agamenón ocultamente a los jefes a quienes el rey les señala la determinación de huir y dirigir la navegación durante la noche (1-38). Diomedes y Néstor lo desaconsejan de este torpe intento (39-78). Se colocan fogatas en las trincheras de los campamentos, se prepara una cena en la tienda de Agamenón y después de la cena se trata a toda costa de hacer las paces con Aquiles y atraerlo al ejército (79-113). El propio Agamenón mandó decir que si cedía en su enojo ante la pública necesidad, le prometía devolverle intacta a Briseida y magníficos regalos (114-161). Néstor envió con estas condiciones a varios escogidos, como Fénix a quien el padre de Aquiles lo había hecho mentor en su juventud, Áyax el mayor, Odiseo y dos embajadores de paz (162-184). Aquiles recibió amigablemente a los legados, pero rechazó todas las promesas de Agamenón y los discursos, ya los esmerados como los ásperos y suaves; además retuvo a Fénix y amenazó con que regresaría al poco juntamente con él a la patria (185-668). De este modo, después de que Áyax y Odiseo anunciaron tan dolorosa resolución, Diomedes lo confirma en toda su gravedad a los afligidos jefes y los exhorta a la tenacidad en la lucha (669-713).
CANTO XXI
Aquiles acosa a los troyanos, parte hacia la ciudad y parte hacia el Janto (el Escamandro) y habiendo despedazado a muchos en el río, conserva a doce jóvenes vencidos, para las exequias de Patroclo (1-33). Ahí mismo mata a Licaón, hijo de Príamo a pesar de sus súplicas (34-135); después a Asteropeo, jefe de los peonios junto con otros de aquel pueblo, habiéndose librado del enfurecido río desigual en fuerza (136-210). Continuaba la matanza hasta que Janto, obstruido por el número de cadáveres, compadeciéndose, mandó que su cauce se desbordara contra él. Apenas se escapaba Aquiles cuando de nuevo tenía que saltar; pero el río enfurecido lo sumergía en sus ondas y perseguía al que volvía a escapar (211-271). Ya le faltaban las fuerzas al que luchaba entre las olas, pero Poseidón y Atenea se las aumentaban; entonces Janto que estaba demasiado irritado, llamó en su ayuda a Simóis, pero Hera llamó a Hefesto que quemó el campo y al río y ni las llamas lo detenían si no las hubiese aumentado la misma diosa (272-384). Se iniciaron después combates personales entre los demás dioses: Ares, Atenea, Afrodita, Febo, Poseidón; Hera, Artemisa; Hermes, Latona (385-513). Después de esto vuelven al Olimpo los dioses, excepto Febo quien se dirigió a Troya, mientras Aquiles hacía estragos a través del campo y a los demás los empujó su furia hacia el interior de la ciudad en la que Príamo mandó que se cerrara la puerta (514-543). Para que aquellos no fueran diezmados en la fuga, Apolo detuvo a Aquiles introduciendoa Agenor, y después él mismo disfrazado bajo la apariencia de Agenor, lo engañó huyendo y así lo alejó de la ciudad (544-611).
CANTO X
Electos los vigías, Agamenón en unión con su hermano Menelao llama a Néstor y a los demás jefes y hacen guardia con ellos ante el foso (1-193). Toman determinaciones ahí mismo donde habían
sufrido las calamidades y envían como observadores a Diomedes y a Odiseo (194-271). Habiendo avanzado éstos algún tanto, un ave de raudo vuelo ofreció próspero augurio (272-298). Al mismo tiempo había salido cierto troyano, Dolón, que había sabido las determinaciones de los aqueos, e incitado por las promesas de Héctor, fue aprehendido por los que se habían adelantado más hacia la base naval (299-381). Implorando éste por su vida, denunció todos los sitios de los campamentos y a dónde se dirigía Reso, el rey de los tracios, pero sorprendido por Diomedes fue asesinado (382-464). Ya marchan a los aposentos de Reso, a quien habían oído llegar con sus famosos caballos (465-503). Atenea amonesta a los héroes para que no se retarden más tiempo con la esperanza de obtener demasiados botines; mientras tanto Apolo incita a los tracios y a los troyanos y los regresa a sus campamentos (504-579).
CANTO XXII
Ambos ejércitos se habían puesto en lugar seguro en el campo, cuando Héctor, estando él solo, permanece frente a Aquiles que volvía de perseguir a Febo. Desde el muro querían detener a Héctor sus parientes que lloraban desolados (1-89). Vanamente, porque a éste el pudor y a aquél el afecto les impedía retirarse del lugar; sin embargo, apareciéndosele un dios bajo aspecto de hombre, hizo huir a Héctor atemorizado. Lo persiguió fieramente Aquiles y dio tres vueltas alrededor de la muralla (90-166). Entre tanto Zeus, compadeciéndose de Héctor, pesó su destino en la balanza y decretó su muerte. Febo lo abandonó al instante y Atenea lo incitó a combatir bajo la apariencia de su hermano Deífobo (l67-247). De esta manera los héroes se unen en singular combate en el que estando presente Atenea, ayuda a Aquiles y se burla de Héctor con terrible engaño (248-305). Finalmente, Aquiles, en lo más álgido del combate lo atraviesa con su lanza, lo despoja de sus armas e insultándolo y manchándose de ignominia, insulta a los suyos y atado a su carro lo arrastra hacia la base naval (306-404). Toda la ciudad llora la muerte de su querido Héctor y gritan amargamente sus parientes desde la muralla y Andrómaca es llevada a su casa (405-515).
CANTO XI
Armado Agamenón con espléndidas armas conduce por la mañana a sus tropas a las filas de combate; lo mismo hacen Héctor y los otros príncipes de Troya (1-66). Ante el insólito valor de Agamenón que enardece a la turba desconocida, se excitan los troyanos y se inicia una gran batalla (67-162). El mismo Héctor apartado por mandato de Zeus hasta las murallas de la ciudad, evita el coraje del enardecido adversario, mientras aquél se marcha del combate mal herido (163-283). Realizado esto, Héctor vuelve a pelear e infunde a los suyos un nuevo valor (284-309). Diomedes, Odiseo y Áyax vuelven a la decaída batalla; pero Diomedes herido por Paris se regresa violentamente hacia las naves (310 400); asimismo Odiseo herido por Soco y muerto aquél, viéndose rodeado por los troyanos, se libra del combate ayudado por Menelao y Áyax (401-488). A poco a Macaón y Euripilo los hieren las flechas de Paris (489-596). Viendo Aquiles a Macaón que se adelantaba en el carro de Néstor, envió a Patroclo para reconocer su presentación (596-617). Tan pronto como reconoció éste a Macaón y librado por Néstor de tan miserable muerte, le pide que o bien implore directamente la ayuda de Aquiles en auxilio de los aqueos o que él mismo espante a los enemigos revestido con el armamento de Aquiles (618-803). Al regreso Patroclo hiere al peligroso Euripilo y es curado en su tienda de campaña (804-848).
CANTO XXIII
Los mirmidones dejan sus armas alrededor del féretro de Patroclo, yendo delante Aquiles quien poco después les prepara el banquete fúnebre. Él mismo cena ante Agamenón y anuncia las exequias para el próximo día (1-58). A la siguiente noche se le presenta durante el sueño la imagen de Patroclo que le pide justos funerales (59-107). Por mandato de Agamenón se llevan leños por la mañana, se presenta el cuerpo y se dispersan las caballerias de Aquiles y de los demás; sacrificadas ante él muchas víctimas y los doce jóvenes troyanos, se hace la hoguera, se enciende y arde con el soplo del Bóreas y del Céfiro, mientras el cuerpo de Héctor es preparado por Afrodita y por Febo (108-225). Al día siguiente se recogen y llevan a la urna los huesos de Patroclo para que estén algún dia, según promesa hecha, junto con los de Aquiles; se levanta también un túmulo improvisado (226-256). Aquiles añade en honor del difunto, certámenes de varias clases en los que se llevan premios y regalos los principales jefes aqueos. En equitación: Diomedes, Antíloco, Menelao, Merión, Eumelo y Néstor (257-650?; en pugilato: Epeo y Eurialo (651-699); en lucha: Áyax Telamonio y Odiseo (700-739); en carreras: Odiseo y Áyax el menor, así como Antiloco (740-797); en competencia de armas: Diomedes y Áyax Telamonio (798-825); en disco: Polipetes (826-849); en flechas: Meriones y Teucro (850-883); y lanzando dardos: Agamenón y Meriones (884-897).
CANTO XII
Rechazados los aqueos contra las murallas (hecho abominable a los dioses; a ellos mismos los rechazan detrás de la misma ciudad), ven que los troyanos se dirigen a las naves y que están a punto de atravesar ya el foso (1-59). Desconcertados al principio por lo difícil del momento bajan de los carros por consejo de Polidamante y corren divididos en cuatro grupos (60-107). Asio se atrevió a atacar una de las puertas desde su carro y fue rechazado por los dos Lapitas con gran matanza de los suyos (108-194). Polidamante interpretó augurios adversos que no intimidaron a Héctor en perseguir a los enemigos (195-250). Éstos aunque molestados por un viento tempestuoso, defienden sus trincheras con suma fortaleza, estando en los primeros lugares los dos Áyax (251-289). Por otra parte entran Sarpedón y Glauco a quienes se les opone Menesteo y son llamados por él, Áyax el mayor y Teucro (290-377). Son heridos Epicles, el compañero de Sarpedón y Glauco por Teucro; finalmente él es derrotado en la almena del muro (378-399). Los aqueos atacan duramente la muralla, abierta por la parte de los licios; Héctor conjura el peligro y tapa la puerta con una enorme piedra y abre a los suyos el camino hacia las naves (400-471).
CANTO XXIV
Terminados los juegos, los aqueos se entregan a la cena y al sueño; Aquiles permanece insomne y durante la mañana arrebata el cadáver de Héctor atado al carro cerca del túmulo de Patroclo (1-18), repetida esta profanación ante los dioses durante varios días, parte se duelen de ello, parte se alegran; compadecido Febo, que guardaba aun íntegro el cuerpo, se queja ante todos gravemente (19-54), y por esto Zeus, llamando a Iris por medio de Tetis, manda a Aquiles que desista de tanta crueldad y que no rehúse devolver el cuerpo a los que quieren redimirlo; al mismo tiempo y por su mandato, Iris exhorta a Príamo a que, pagado el rescate de redención, reciba a su hijo (55-186). Se llevan a cabo estas gestiones doce días después de la muerte de Héctor. Príamo, durante la noche, al igual que Hécuba y todos los demás troyanos, reúnen preciosos dones y cargan con ellos un carro conducido por el pregonero Ideo y manda que se prepare otro (187-282). Entonces hechas las libaciones y aceptado el augurio directo, comienzan a recorrer el camino (283-330). Hermes llega ante Príamo por mandato de Zeus, y lo lleva a la tienda, sirviéndole de vigía durante el tiempo dedicado al sueño (331-467). Aquiles, vencido fácilmente por las súplicas del rey, recibe el precio de la redención, le devuelve el cuerpo lavado, envuelto en túnicas y concede once días de tregua para la sepultura y of reciéndole honrosa cena lo manda a descansar (468-676). Al amanecer del dia siguiente, conduciéndolos Hermes, Príamo lleva el cuerpo a la ciudad a cuya vista salieron todos los troyanos con grandes lamentos; colocado poco después en palacio, después de haberse presentado los cantores, lloran Andrómaca, Hécuba y Helena (677-776). Hecha después la pira, se celebra el funeral y el banquete (777-804).

domingo, 27 de marzo de 2011

Resumen del canto I de la Iliada



Estimados alumnos: Les envío el resumen del canto I de la Iliada, posteriormente le estaré enviando el resto

CANTO I

Se pide desde el principio a la musa que mande el canto de las desgracias alcanzadas por la ira de Aquiles (1-7). Llega a la asamblea de los argivos, Crises, sacerdote de Apolo para rescatar a su hija, hecha cautiva hacía poco en la guerra y por honor entregada a Agamenón (8-21). Apolo mandó sobre el ejército una terrible epidemia por haber sido rechazado ignominiosamente su sacerdote (22-52). Aquiles hace una asamblea, para aplacar al dios, en la que el adivino Calcas pregona que ellos debían liberar a su hija Briseida de tan terrible disputa y no rehusa entregarle su hija ciertamente a Crises, pero le arrebata a Aquiles a Briseida a quien había sido concedida como premio a su valor. Se apodera de Briseida aunque Néstor se opone (130-311 y 318-347). Enardecido por esta ofensa, decide el firme joven separarse de la guerra con los mirmidones, sus soldados. Su madre Tetis reafirma su propósito y promete venganza al suplicante (348-427). Mientras tanto el ejército ofrece sacrificios expiatorios y son ofrecidos a Apolo (312-317). Entonces se hace retirar a Crises a su casa junto con las víctimas propiciatorias, por quienes es expiado el crimen siendo sacrificadas (428-487), puesto que se había presentado Tetis en el Olimpo ocultamente, favoreció con la victoria a los troyanos, mientras los aqueos no dieran una satisfacción a Aquiles (488-533). Hera, enemiga de los troyanos ataca estas determinaciones clandestinas y riñe con Zeus en la cena (534-567). Por esta causa se entristece toda la asamblea de los dioses, a quienes Hefesto hace volver finalmente a la tranquilidad y alegría (568-611).